Alexander permaneció inmóvil en el centro de la habitación, sintiendo que cada segundo de su silencio anterior era un pecado adicional que ahora le costaría el triple de esfuerzo reparar. La petición de Elena de ver a Sofía no podía ser ignorada ni satisfecha con una mentira más; la red de ocultamientos que él había tejido con la ayuda de Marcus se había vuelto tan compleja y peligrosa que ya no quedaba espacio para la maniobra. Miró a Elena, cuyo rostro, aunque más estable gracias a la medicin