La mañana se presentó con un cielo plomizo, un reflejo exacto del ánimo que reinaba en la mansión de las colinas. Desde el encuentro con Sebastián, el ambiente se había vuelto más tenso, más vigilante. Elena se movía por las estancias como una sombra de sí misma, siempre atenta a los informes que Marcus traía, cumpliendo estrictamente con la promesa de transparencia total que le había arrancado a Alexander. La espera por los resultados del ADN se había convertido en un martirio silencioso, una