El despertar de Elena fue lento, impregnado por esa pesadez que solo conoce quien ha tenido que enfrentarse al duelo de un futuro que se desvaneció antes de nacer. Al abrir los ojos y ver la luz filtrándose por las cortinas de seda, su primer pensamiento no fue para el bebé que crecía en su vientre, ni para su propia recuperación, sino para el vacío en su dedo anular y el silencio sepulcral que envolvía la casa. Hoy, debió haber sido el día más importante de su vida. Debió haber estado vistiend