CAPÍTULO 84.
El aire olía a lavanda fresca y resina de pino. En la cabaña ,los rayos de sol de la tarde se filtraban por la ventana, cubriendo todo con una luz dorada y suave. Lina estaba de pie frente al espejo, con el corazón latiéndole más fuerte de lo normal. No de miedo, sino de algo más íntimo… como si su alma supiera que esta noche cambiaría su destino.
Clara, con manos delicadas y cálidas, ajustaba con cuidado los broches del vestido que había confeccionado ella misma con ayuda de las mujeres de la