CAPÍTULO 65.
Luzbria ya no dormía tranquila.
Todo comenzó con susurros. Ecos lejanos en la niebla que bajaban del bosque, demasiado espesa, demasiado fría para ser natural.
Los perros del pueblo, que antes ladraban por cualquier cosa, ahora callaban. Solo se oían sus gemidos agudos, escondidos bajo los porches.
Una mujer desapareció la primera noche. Luego, un niño.
Un granjero juró ver a una criatura enorme de ojos plateados caminar en dos patas cerca del molino. Al día siguiente, sus gallinas aparecieron