CAPÍTULO 56.
Habían pasado dos días desde la sepultura de Selene, pero en el corazón de Lina el tiempo parecía haberse detenido. La reserva de Valragh, aunque ajena a su mundo, se había convertido en un refugio involuntario, un sitio donde el dolor podía esconderse entre los árboles y la bruma matinal.
Lina permanecía en la cabaña de Clara, rodeada de una quietud extraña, casi irreal. Aquel lugar tenía un aroma a hojas secas, madera y té de hierbas que no lograba calmar el nudo que llevaba en el pecho desde