CAPÍTULO 55.
—Es de raíz de luna… ayudará con el dolor.
Ragnar entró desde la cocina con una taza humeante entre las manos. Sus ojos, rojos por la falta de sueño, se suavizaron al verla allí, viva, aunque golpeada. Le tendió la taza con cuidado.
Clara estaba sentada en el sofá, envuelta en una manta gruesa, con la espalda apoyada en unos cojines para aliviar el dolor que le recorría el cuerpo. Cada movimiento le costaba. Las marcas que Dorian había dejado en ella aún dolían, tanto en la piel como en el alm