CAPÍTULO 26.
La Luna Roja continuaba brillando con intensidad, tiñendo el cielo de un rojo profundo mientras el último eco de los aullidos se desvanecía entre los árboles. Kael, aún en su forma de lobo, se mantenía erguido y dominante en el centro del círculo sagrado. Su pecho ardía con el peso de la nueva marca, un recordatorio tangible de su poder y responsabilidad.
A su alrededor, los lobos comenzaban a dispersarse, volviendo lentamente a las sombras del bosque. La ceremonia estaba llegando a su fin, per