CAPÍTULO 20.
—Tenemos que encontrarla —dijo Kael con voz firme—. No puede haber desaparecido sin dejar rastro.
Ragnar, que hasta ese momento se mantenía en silencio, miró a Kael con gravedad. En sus brazos descansaba Emma, su pequeña hija de apenas un año. La niña murmuró algo en su media lengua infantil y se acomodó contra su pecho, ajena a la tensión que llenaba el aire.
—Yo me encargaré —respondió Ragnar sin titubeos.
Caminó hasta donde estaba Kira y con una suavidad impropia de su imponente figura le en