NARRADO POR KARINA
El auto avanzaba lento, como si también sintiera la carga de lo que no podíamos decirnos.
Dante conducía con las manos tensas sobre el volante. No me miraba. No desde que salimos de la gala.
Y yo no me atrevía a escribirle nada.
El vestido me pesaba, el cuerpo me dolía. Y la garganta…
La garganta era un nudo que ardía, no por falta de voz, sino por el esfuerzo de contenerme.
No lloré, no frente a él.
Pero mi mirada estaba perdida en la ventana, como si el reflejo de la ciudad