Narrado por Karina
Los días pasaban como si tuvieran plomo en los bordes.
Nada dolía tanto como su ausencia. Pero tampoco nada dolía tan claro como su forma de irse. Sin avisos, sin lógica, sin ese último gesto que le diera sentido a todo lo anterior.
Yo sabía que no había sido solo un error. Lo sentí en su piel. En su respiración entrecortada contra mi cuello. En sus manos temblando al tocarme. Lo sentí en su forma de dormirse por primera vez profundamente, como si por fin su cuerpo encontrara