El aire en el subnivel —3 olía a formól y sangre seca.
Isabella y Vanessa bajaron por el pasillo estrecho, mano y corazones tensos.
Las luces parpadeaban. Las alarmas de seguridad estaban desactivadas por ellas mismas minutos antes.
El silencio era irreal.
Pero el horror estaba por todas partes.
Celda de cristal, camas de metal.
Pantallas con registros biológicos, nombres en clave.
Y cuerpos.
Demasiados cuerpos.
Hasta que llegaron a la última sala.
Donde encontraron un montón de cadá