El desayuno había terminado, pero nadie quería levantarse de la mesa. Entre los restos de panecillos, copas de jugo a medio beber y servilletas arrugadas, el ambiente seguía impregnado de alegría.
Vanessa, radiante con su vestido sencillo pero elegante, acariciaba su vientre con ternura mientras Fabio la miraba como si el mundo entero se redujera a ella. Karina todavía giraba la mano para observar el anillo, incrédula, mientras Rayan no dejaba de presumir su ocurrencia de la “malteada”.
Isabe