Había pasado una semana desde el regreso de la misión en Europa. El eco de la infiltración y la caída definitiva de las organizaciones aún resonaba en los titulares de todo el mundo, pero en la mansión Fernández, la vida parecía encontrar un nuevo ritmo. La seguridad aún era estricta, claro, pero ahora se respiraba un aire de calma diferente: un silencio doméstico lleno de conversaciones, aromas de cocina y risas dispersas.
El comedor principal había vuelto a ser escenario de reuniones cotidia