El aire gélido de los Alpes franceses quemaba los pulmones. El grupo se ocultó entre los árboles, mientras la instalación a sus espaldas caía en un silencio antinatural, como si hubiera sido tragada por la montaña. No hubo ninguna explosión, no se veía nada de fuego. Solo una completa oscuridad.
—Esto aún no ha terminado … —susurró Fabio, ajustando sus visores térmicos—. Esto es un reinicio.
Vanessa frunció el ceño.
—Significa que alguien más controla la red, alguien que sabía que vendríamos