17 –¡Te lo juro! Melany mírame, cómo puedes desconfiar de mí, ni siquiera puedo cumplirte a ti, crees que podría con otra mujer. Una vez más el hombre se excusó con la enfermedad que se inventó.
–¡cierto! Melany inclinó la cabeza avergonzada, pensó que ella había juzgado mal a su esposo.
—¡Mi vida, levántame la mirada, sé que me quieres y por eso me celas, no te preocupes, eso es normal! La hipocresía de este hombre no tiene nombre, sabe que puede manipular a Melany a su antojo. Y para que Me