La mujer del hotel.
El tiempo parecía no avanzar, y Melany se sentó en el sofá. Desde ahí lo podía cuidar, se acercaba con frecuencia, y por ratos se sentaba al lado del señor Rockefeller. Ángel no despertaba y eso le preocupaba. Esa angustia le tenía su corazón en vilo, por ende, una vez más se sentó junto al joven.
—¡Señor Rockefeller, me angustia su silencio! Verlo así me mata por dentro. Solamente una vez he visto su sonrisa, y fue suficiente para darme cuenta de que tiene la sonrisa más hermosa que he visto.