—Dígame algo, CEO. ¡Por favor! —Sus ruegos eran acompañados por un llanto desesperado.
Robert fijando su mirada en ella dijo con frialdad:
—No puedo creer que nos hayas ocultado tu embarazo. Lamento informarte que, por políticas de la compañía, tengo que despedirte.
Ella no podía creer que después de todo lo que le había aportado a la compañía, pensara en darle una patada por el trasero, sin ningún remordimiento.
Su mente trabajaba rápidamente, tratando de asimilar cada palabra.
—No hice nada m