Ya habían pasado tres meses desde que Diana fuera despedida de su empleo.
Las cuentas estaban acumulándose, y la presión financiera se hacía cada vez más palpable.
Aunque había encontrado una forma de sobrevivir vendiendo jugos y tortas en la entrada de la clínica de fertilidad.
La venta de sus tortas y jugos era modesta, pero la sonrisa de sus clientes era motivo de esperanza.
Pasaba horas en su pequeña mesita, decorada con manteles de colores vivos, mientras pensaba en lo que vendría después