Mundo ficciónIniciar sesión—No, jamás lo olvidaría. —El CEO apenas la vio a la cara.
Diana le clavó una mirada de reproche, sus ojos ardían con la indignación contenida que había estado acumulando desde su primer encuentro.
—Usted me insultó en la recepción porque accidentalmente tropezamos.
Robert la miró sin decir nada. recordaba ese primer encuentro entre ellos.
Era consciente del pésimo trato que le había dado, pero su orgullo no le permitía ofrecer disculpas, mucho menos a una empleada que consideraba inferior.
—Ya hablamos mucho, desde el tiempo que nos conocemos. Anda a trabajar, que para eso te pago. —Resopló con indiferencia.
—Como diga, señor.
Con sólo esa respuesta, Diana se dio la vuelta y caminó con paso firme hacia su oficina, aún sintiendo el ardor del desprecio en el pecho.
“Necio y prepotente, ¿Qué se le quita con admitir que fue grosero?”
Aunque solo se veían cuando necesitaba ordenar algo, para ella resultaba incómodo su trato despectivo.
En su oficina Robert hablaba por teléfono con su abogado.
—Quiero que la clínica me pague los daños y perjuicios de lo contrario, ¡Acabalos!
Una hora más tarde, fue interrumpido por una llamada inesperada. El director de la clínica de fertilidad que pidió una cita para hablar con él.
Al poco rato, llegó acompañado del médico que había cometido el grave error de inseminar a la mujer equivocada.
La tensión entre ellos era evidente, la situación no podía ser más crítica, los visitantes angustiados ante la ruina de la clínica y Robert enojado, cada vez con menos paciencia.
—¡Por favor!, presidente López. -dijo el director con voz temblorosa-. Necesitamos hablar sobre el incidente.
Robert cruzó los brazos, manteniéndose en silencio mientras ambos hombres empezaron a explicar la historia detrás del error.
—Señor, yo me equivoqué. La clínica no tiene la responsabilidad, -se atrevió a articular el doctor, evidentemente nervioso.
--¡Pues claro! Sí tienen responsabilidad, usted no puede simplemente jugar con las expectativas de las personas. --respondió Robert, iracundo.
La discusión se intensificó. Los gritos de Robert iban en aumento. Era evidente que los dos hombres estaban desesperados.
—Si quiere, lo despido. No nos acabemos, se lo suplico -dijo el director, arrodillándose frente a Robert, seguido rápidamente por el doctor, quien hizo lo mismo.
Enseguida, Robert sintió un ligero cambio en su interior. Presenciar aquella humillación le resultó extraño.
Normalmente disfrutaba tener el poder absoluto sobre los demás, pero ver a esos hombres rogar de rodillas ante él encendió una chispa de incomodidad en su corazón.
—Yo retiro la demanda si usted, doctor, me da todos los datos adicionales de esa mujer.
—De acuerdo. -respondió el doctor, visiblemente aliviado.
Al cierre de la reunión, Robert tomó su teléfono y llamó al detective privado.
Esa situación necesitaba ser resuelta con rapidez. La última cosa que quería era otro escándalo que empañara su reputación.
En el silencio de su oficina, le explicó al detective la complejidad del caso.
Al cabo de tres días, la impaciencia comenzó a apoderarse de Robert, cuando recibió una llamada del detective.
—Señor López, lo siento, —dijo el detective, con tono grave que no dejaba lugar a dudas. —Esa mujer desapareció. Parece que la tierra se tragó a Diana Olmos, y su exmarido no sabe su paradero.
—¡No sea idiota! —Gruñó molesto—Nadie desaparece por completo a menos que esté muerta.
Esa última frase le causó escalofríos,era posible que su heredero ya no existiera.
Diana aprovechó que el detective salió de la oficina del jefe, para entrar con varias carpetas.
Quería mostrar el avance del proyecto.
—¡Disculpe jefe!
—¿No te enseñaron a tocar la puerta?
Ella retrocedió asustada ante sus gritos, pero él fue más rápido y le arrebató las carpetas.
—No me gusta, hazlo de nuevo, ¡Estoy rodeado de ineptos!
Esa frase retumbaba en su mente. Se había esforzado tanto en el proyecto, invirtiendo horas extra.
Había dejado de lado su descanso solo para satisfacer a un hombre que siempre encontraba algo negativo en todo.
Pero lo peor de todo era cómo ella misma empezaba a dudar de su capacidad. Al recordar los momentos en que había creído que podía tener éxito, la tristeza la envolvió.
Con determinación, comenzó a escribir. Ideas nuevas fluyeron de su mente con fluidez.
“¡No soporto a ese hombre!”, pensó mientras un par de lágrimas salieron a flote.
Odiaba su forma brusca de dirigirse a ella y el desprecio que siempre mostraba hacia su trabajo. Pero también sabía que, irónicamente, necesitaba ese empleo.
Robert era el tipo de persona que podía abrir puertas en su empresa si lograba impresionarlo con sus habilidades. El dilema la abrumaba: seguir adelante con la rutina de aceptar sus críticas o arriesgarse a renunciar.
Las lágrimas seguían brotando y ella no se detuvo. Al contrario, con una mano escribía y con la otra se secaba. Trabajando, se sintió más tranquila; sus ideas empezaron a tomar un camino más claro.
“Quizás, la propuesta era mediocre, el jefe ha tenido. Mucha presión, aunque nada lo justifica.”
Decidió no molestar al jefe por los momentos, lo que le daría más tiempo para pulir sus ideas.
Ya había tomado su cartera para irse a casa cuando el jefe la llamó:
—Diana, venga de inmediato.
—Señor López, antes de que me vaya a gritar, aquí tiene la propuesta mejorada.
Ahora más sereno él leía los detalles y una sonrisa de satisfacción se dibujaba en su rostro.
—Mucho mejor, pero no la llamé para esto, hay una reunión con los socios mañana.
Extendió su mano y le dio una tarjeta de crédito.
—¿Qué haré con esto?
—Compre ropa, no voy a dejar que se presente como un esperpento en la junta.
Diana ya estaba molesta, a ese hombre no le bastaba con tratar duro, ahora se burlaba de su vestimenta.
Diana pensó en negarse y devolver la tarjeta, pero su jefe se empeñó en que Andrade la llevara de compras.
—Diana, es una orden del jefe, vamos.
Ya se había subido al vehículo de Andrade, cuando Robert los alcanzó.
—Señorita Diana, baje del auto.
—Señor López, ¿Qué sucede?
Las miradas de ambos se entrelazan y Diana busca señales de enojo, pero la expresión del CEO es neutra.







