—Lo que debí hacer hace algunas horas.
Su mano abofeteó a Camila con tanta fuerza que la mujer cayó al piso.
—¡Auxilio! ¡Suéltame loca!
Diana no la dejó pararse y se le abalanzó encima oprimiendo su cuello con fuerza.
Camila, buscaba aire, se estaba asfixiando. Juana trató de controlar a su amiga.
—No vale la pena, Diana. Ya le diste su merecido.
—¡Déjame Juana! Con mis hijos nadie se mete. Esta mujer me debe mucho.
Los gemelos la miraban con pánico desde un rincón, llorando a gritos.
Diana