Robert descansó su espalda con los ojos cerrados, mientras él chófer lo conducía a casa.
Miró su reloj, ya eran las seis de la tarde cuando cruzó el umbral de la mansión.
El silencio era sepulcral lejos de aliviarlo, le resultó opresivo.
Se aflojó el nudo de la corbata con un gesto violento, sintiendo que el cuello de la camisa lo asfixiaba.
En la empresa, las cosas se habían salido de control. Un nuevo fondo de inversión, operando bajo el nombre de "Golden big", había estado comprando silenci