—Si he venido aquí es porque estoy dispuesto a perdonar tu omisión y empezar de nuevo — dijo Robert, con sinceridad.
Diana, no estaba dispuesta a negociar, su decisión de criar a sus hijos sola era irrevocable.
Se mostraba a la defensiva ante cada palabra de Robert.
—¿Se supone que me debo sentir agradecida?
Su mirada se fijó en él, cargada de enojo.
Juana, interrumpió para traer unos pasteles a la mesa, intentando aliviar el ambiente.
Pero su esfuerzo era en vano; la situación ya estaba demas