—Señor López, tiene una llamada.
Con tantos documentos por revisar y firmar, se exaspera un poco por la interrupción.
—Te dije que no estoy para nadie.
—Si me atrevo a molestarle es por que es desde la prisión.
Lo sorprendió; no era habitual recibir llamadas de ese lugar. No obstante, intrigado, le pidió que le pasara la llamada.
—¿Señor López? —La voz al otro lado de la línea era grave y seria.
—Sí, ¿quién es usted? —preguntó Robert, sintiendo curiosidad.
Hubo un breve silencio, como si el int