—Solo quiero que sepas que te amo. —Diana apretó los puños.
No se sentía capaz de hablar de su pasado, era irrelevante para su presente.
—Yo también te amo, ponte linda que las llevaré a cenar.
El auto se detuvo en un elegante restaurante del centro.
La atmósfera era perfecta: música suave de fondo y un aroma irresistible a platillos exquisitos.
Diana se sentía emocionada, y Juana veía ese lugar como quien entra a un palacio.
—Pidan todo lo que deseen, este lugar es el mejor de la ciudad.
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