—¿Cómo que esa mujer se niega a salir de mi mansión? —preguntó Diana, con un tono de incredulidad y furia.
—Sí señora, Diana. Hemos decidido que sea la policía quien la saque.
El encargado del desalojo, un hombre robusto con un aire de autoridad, le contestó con tranquilidad. Diana sintió que la adrenalina corría por sus venas. Había llegado su revancha.
La oportunidad de darle a Yolanda lo que se merecía, de devolverle de alguna manera todo el dolor sufrido.
—Juana, acompáñame, que vas a pre