—El concepto de este restaurante es un poco… curioso —declaró Estrella mientras bajaba del auto del padre de sus hijas, ayudada por él, por supuesto.
—Es porque no es un restaurante —declaró Leobardo sonriendo, nervioso por la reacción de su amada a lo que tenía por decir—, es la casa de mis padres, iba desayunar con ellos, y te uniste a mi plan.
—Sin saberlo —farfulló Estrella Bianco, sintiendo cómo su estómago se comenzaba a revolver con ganas—. ¿No crees que debiste mencionarlo? Te pregunté