CAPÍTULO 45

—El concepto de este restaurante es un poco… curioso —declaró Estrella mientras bajaba del auto del padre de sus hijas, ayudada por él, por supuesto.

—Es porque no es un restaurante —declaró Leobardo sonriendo, nervioso por la reacción de su amada a lo que tenía por decir—, es la casa de mis padres, iba desayunar con ellos, y te uniste a mi plan.

—Sin saberlo —farfulló Estrella Bianco, sintiendo cómo su estómago se comenzaba a revolver con ganas—. ¿No crees que debiste mencionarlo? Te pregunté como tres veces a dónde me llevabas, solo dijiste que a almorzar.

—Eso vamos a hacer, almorzar —defendió el hombre en un tono juguetón, intentando que su amada no se enojara—, solo que con compañía.

—Yo no sé si eres tonto o te estás haciendo —soltó la rubia mirando con los ojos entrecerrados al amor de su vida—, pero llevar a tu novia a conocer a tus padres no es algo que haces sin avisar… Yo ni siquiera me maquillé hoy.

—Tú eres hermosa con y sin maquillaje —aseguró el azabache, atrayendo a la
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