CAPÍTULO 46
Leobardo Alarcón corrió cerca de doce minutos de un lado a otro por la avenida, intentando encontrarse con la madre de sus hijas, sin tener en cuenta que, con un embarazo tan avanzado, ella no lograría caminar mucho antes de necesitar sentarse a respirar, quizá por eso tampoco se le ocurrió la idea de que la rubia tomaría un taxi y por eso no la podría alcanzar.

Frustrado, preocupado y hasta un poco enojado, el azabache de ojos claros caminó a toda prisa de regreso hasta su auto. Necesitaba respirar también para poder despejar su mente y pensar un poco claro, pues con tanta corredera sus pulmones ya no estaban funcionando correctamente.

Llegó a su auto y, justo antes de abrir la puerta, vio a su madre, con auténtica angustia reflejándose en su rostro, esperando por él, supo que eso hacía cuando la vio caminar hasta él cuando el hombre se acercaba a ese bonito carro que guardaba la solución a su situación actual, aunque eso no era algo que ese joven sabía aún.

—¿La encontraste? —pregunt
Mary Ere

¡Felices fiestas, hermosuras que aún me leen! Besitos n.n

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