—Yo —titubeó Leobardo al pie de la puerta de la fortaleza Bianco, donde ambos estaban invitados a cenar—, ¿te molesta si voy a hablar con mi madre justo ahora?
Estrella lo pensó un poco, no es que le molestara comer sola con su familia, pero justo en ese momento las cosas estaban verdaderamente incómodas luego de que ella se portara como una tonta y le rompiera la nariz a Chase esa mañana; además, ella no les había respondido el teléfono en todo el día, así que, además de enojados, debían estar