—Esto sabe a mier…
—¡Estrella! —exclamó Alexander tan alto que la rubia se estremeció y le miró casi aterrada para terminar por llorar—. Ay, perdón, amor, no te quería asustar, pero sabes que me molesta mucho cuando dices cosas desagradables.
—Pero a eso sabe —excusó la mencionada intentando descifrar cómo apagar la tristeza que le hacía llorar, esa que se desató simplemente por ser llamada en una forma casi ruda, porque lo de su padre no alcanzó siquiera a ser un grito—. Debí elegir de agua en