CAPÍTULO 96. Un regalo de bodas
Sammy arrastró los pies hasta el cuarto de Lory, porque decir que era capaz de caminar normalmente era una burda mentira. Estaba en modo zombi, pero tenían que hacer tantas cosas para la boda que no le había quedado más remedio que levantarse.
—Muñequita…—tocó a la puerta de su habitación, porque aunque Lory tuviera su propio departamento, siempre tendría una habitación en aquella casa—. Te traje agua mineral y aspirinas… ¿quieres?
Adentro se escucharon jadeos ahogados y una voz ronca y sensual