CAPÍTULO 52. Uno no elige a quién querer
Darío se levantó de aquella silla con el corazón destrozado, no podía imaginar, ni siquiera era capaz de preguntar por Sammy porque sabía que no soportaría que le dijeran que había muerto.
El médico se acercó a ellos, se veía cansado y nervioso.
—¿Cómo… cómo está? —murmuró Ángel porque alguien tenía que hacer la pregunta.
—Viva… —dijo el doctor y Darío se aguantó aquel suspiro de alivio porque el médico tenía cara de que eso no era todo—. Está viva, pero todavía no podemos decir que está bien.