CAPÍTULO 51. Tiene que estar bien...
Darío sintió que se le erizaba hasta el alma cuando escuchó aquel grito de su hermano, porque sonaba lleno de terror, y antes de que lo repitiera ya estaba corriendo de regreso a la casa, descalzo y desesperado, para ver cómo Ángel bajaba aquellas escaleras con el rostro desencajado y Sammy en los brazos.
Casi derrapó llegando a ellos y lo primero que hizo fue sostener la cara de Sammy, que entraba y salía de la inconciencia por segundos.
—¡Princesa….! ¡Princesa! ¿¡Qué mierd@ pasó, Ángel!?
—¡