CAPÍTULO 16. Una mujer con tendencia a escapar
—¡Oye, eso no huele mal! —dijo Darío pasando a su lado en la pequeña cocina mientras se sacudía el cabello mojado sobre Sammy.
—¡Odioso! ¡Quita! ¡La salsa va a saber a champú! —rezongó Sammy empujándolo, pero él volvió solo para meter un dedo en la salsa y llevárselo a los labios.
—No está mal, pero le falta algo.
—¿Qué?
—¡Sal! —exclamó Darío quitándole la espátula y agarrando el salero.
—¡Oye, la sal es mala para el corazón! —aseguró Sammy poniéndose las manos en las caderas.
—Princesa, a