CAPÍTULO 11. De la bondad al crimen
—¡Sammy!
Aquello no servía mucho para darle confianza. La lluvia empezó a caer con tanta fuerza que apenas podían ver dos metros delante de ellos, así que los treinta metros hasta la orilla se convirtieron en un suplicio para la muchacha.
En los seis metros entre el mar y la cueva, la lluvia les quitó de encima el agua salada, y el viento provocaba tanto frío que Sammy ni siquiera se proecupó de que él la estuviera mirando, solo se dio la vuelta hacia una de las paredes y se quitó la ropa mojad