CAPITULO 42. ¡Joder…! ¿te lastimé?
—¡Suéltame, Diablo! —gruñó Sammy pero en medio de la penumbra solo pudo escuchar aquella risa suave.
—¡Primero muerto!
—¡Eso se puede arreglar, idiota!
—¡Oye, no me robes mis frases! —siseó Darío y alargó la mano para encender una pequeña lámpara que tenían cerca.
A la luz débil de la habitación sus ojos se encontraron con los de Sammy y el pecho de Darío se ensanchó de orgullo. Estaba enojada y parecía que lo iba a morder… y él no podía imaginar nada mejor.
—¡Bájame, Diablo! ¿Te crees que esto