En el interior de la casa en una habitación los niños y Mariela estaban amarrados y mientras los 3 pequeños no dejaban de llorar por el pánico que sentían, Mariela trataba de tranquilizarlos diciéndoles que de seguro Scott ya los estaba buscando, que no tardarían en encontrarlos, aunque para ese entonces ya tenía sangre en las muñecas tratando de soltarse.
De pronto sintió una suave brisa que no entendía de dónde venía y soltó las amarras en sus manos sin poder explicarse como, aunque no era el