Era algo extraña esa presencia de Roman nuevamente, pero Liz escuchó las indicaciones viendo como esa imagen se desvanecía frente a ella dejando en el aire un ligero aroma a flores que puso una sonrisa en su rostro, debía buscar la manera de entregar esa información sin que nadie pensara que estaba loca.
—¿Por qué no le dijiste a Arthur? —preguntó en voz alta.
Y la voz respondió —Me gusta más hablar contigo, además él se asusta mucho cuando me ve, se ve más pálido que un fantasma.
Luz se restreg