Mientras en otro lugar de la ciudad la señora Becker despertaba con un dolor de cabeza que apenas si aguantaba después de la noche anterior haberse tomado hasta casi el agua del florero, olvidando por completo su posición social, o lo que quedaba de ella, así que enojada hasta con su sombra comenzó a renegar por todo y más aún cuando recordaba las palabras de su ya, no tan amado profesor de tenis.
Whitney por su lado también había amanecido literalmente tirada sobre un sofá de la habitación desp