Mariela trató de resolver el problema buscando una explicación lógica —Joven muchas gracias, pero tal vez usted se equivocó de departamento.
—Esta es la dirección en la orden ¿Es usted la señorita Mariela González? —preguntó el muchacho.
—Si, soy yo —respondió tratando de pensar si había alguna otra Mariela González cerca al fin y al cabo su nombre era algo común.
—Entonces las flores son suyas, de seguro tiene un admirador por ahí y por lo visto no es cualquiera, porque estas son las mejores