Nada más Scott y Mariela llegaron al departamento los niños corrieron a saludarlos, el entró de inmediato su maleta con la mejor de las sonrisas, aunque ella aún tenía los bolsos con sus compras en el carro tal vez tratando de convencerse que había ido por Miguelito para llevarlo de vuelta a casa porque, aunque ese cuento de hadas parecía de película algo en su interior la hacía querer pensar de manera razonable con respecto a ese amor que no entendía a qué hora se metió en su corazón y hasta en