31. NO DEJO DE PENSAR EN TI

La risa que dejó a Cristina estuvo llena de genuina emoción. No sabía que algo como eso le causaría tanta felicidad. ¿En serio felicidad? Cristina se llevó las manos a los labios conforme el señor Castañeda señalaba la manera en la que sabía que eran dos varones. No podía creerlo.

—Están creciendo a un ritmo común. No hay de que preocuparse —el doctor dejó de señalar y se dirigió hacia René—. Su control sería mensual.

—Lo sé —respondió René. No mostraba ningún gesto de felicidad como su esposa
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