36. PRESAGIO DE UN INFIERNO DOLOROSO
—Me cuesta confiar en las personas, señor García.
—Para mí eso no es un problema. Así podrás ver en cada uno de mis actos si realmente te merezco —René beso su frente, y Cristina apretó los labios.
Quería abrazarlo, pero no era tan atrevida para hacerlo por sí sola. Prefirió dejar que fuese el mismo quien la guiará.
—Si no tienes más nada que hacer aquí, vámonos.
Cristina estuvo de acuerdo y con una última mirada a lo que se suponía era su hogar. Miraba ese lugar con nostalgia. Porque aunque lo