32. SOSPECHAS
Cristina aceptó que no había más nada que hacer. Sus inseguridad, su propio odio, las amenazas hacían que esa sensación de disfrutar como cualquier mujer fuera en vano. Lo admitió. Le aterraba el señor García y lo que era capaz de hacer para quitarle a sus hijos.
Pero…las acciones, las palabras, la distancia que tomaba para no hacerla sentir incómoda o molestarla diferían mucho con lo que se suponía que debería “pensar” de él. Y no lo entendía. ¿Por qué actuaba interesado en ella cuando sólo es