34. PLANES CORROSIVOS
—Estoy aquí para que lo aceptes: estoy aquí parea que sepas que mi esposa jamás en la vida volverá a sentirse de esa manera.
Cristina dejó de llorar. Los ojos grises de René era un cuchillo hacia su corazón, pero no era de dolor, sino de un golpe de realidad. La firmeza con la que hablaba, la firmeza con la que la tomaba, su seguridad y la seriedad fueron capaces de quitarle no solo el aliento, sino sus males y su lamento.
René no la besó. La abrazó, y fue incluso más íntimo que un simple beso.