El tiempo pasó rápido esas dos semanas. Sin darse cuenta, Rafael y Olivia cayeron en una rutina; ella comenzó a relajarse a su alrededor y platicaba más, algo que él agradecía profundamente. Estar encerrado en esa habitación lo estaba llevando al límite. Olivia había dejado de llorar y Rafael lo asociaba a que su hermano Rogelio abandonó la finca a los pocos días. Se marchó sin que casi nadie se diera cuenta; Rafael no se lo mencionó a ella, pero creía que Olivia era consciente de su ausencia.