Olivia se alejó de Rafael empujándolo. Él estaba peor que ella, sorprendido de su propio acto. Olivia salió del baño como pudo, pasando casi por encima de él y dejándolo solo. No podía permanecer un segundo más en esa habitación, así que salió de la casa para respirar aire puro y dar paz a la maraña de su cabeza.
El beso había sido cálido, tan cálido como Rafael se había mostrado todo ese tiempo. "¿Qué ganaba con aquel beso?", se preguntaba. Había aceptado fingir ser su esposa, pero ahora la duda volvía: ¿era solo una broma para él?
Rafael, por su parte, miraba el espacio vacío que ella dejó. Tocó levemente sus labios para sentir aún el rastro de Olivia. Había sido, sin duda, un movimiento precipitado, pero no le causaba remordimiento alguno. Deseaba besarla, aunque al pensarlo con frialdad, sabía que la situación era delicada: ella se había casado enamorada de su hermano.
Se maldijo por actuar tan deprisa, pero en esos días la relación entre ellos se había sentido distinta. Olivia er