La casa era un caos. Olivia estaba sorprendida por la magnitud de la decoración; Julieta no escatimaba cuando se trataba de sus bisnietos. Esos niños siempre habían sido su adoración, y a Ricardo lo llevaba grabado en el corazón.
—Sé que mi abuela puede dar miedo —dijo Rafael, observando a Julieta ordenar todo con energía.
Ambos estaban sentados en una de las mesas, un poco apartados del bullicio. La silla de ruedas de Rafael por fin había llegado y él no perdió el tiempo para montarse en ella,