Después de ese día, Rafael no encontró las palabras correctas para hablar con Olivia. Ella ni siquiera se acercaba a él como antes; empezó a dormir en el sillón, pasaba todo el día fuera de la habitación y regresaba muy tarde. Julieta se había dado cuenta de la situación, pero prefirió no intervenir a petición de Rafael, quien le había pedido que le diera espacio a Olivia. Ella misma pensó en irse en varias ocasiones, pero, por una razón que desconocía, no terminaba de dar el paso.
Había pasado tanto tiempo que Rafael ya se movía solo en la silla de ruedas. Gracias a la rehabilitación, había comenzado a realizar rutinas en la cama; necesitaba salir de allí lo antes posible. Para sorpresa de su médico, sus huesos estaban respondiendo de maravilla, aunque todavía debía permanecer en la silla un tiempo más, algo que le costaba aceptar.
Olivia seguía sin hablarle y, aunque Rafael aún tuviera dudas, se sentía mal por el distanciamiento. César no había logrado traer información nueva y las