—¿Te estás escuchando, Rafael? No puedes pensar que Rogelio sería capaz de algo así —dijo César, esperando que su mejor amigo recapacitara.
—No puedes pedirme eso en este momento; sobre todo, atado a esta cama. Necesito recuperarme —contestó Rafael con desesperación, golpeando con fuerza la superficie del colchón.
—Rafael, como dices… estás en esa cama y la mente puede jugarte muy chueco. No quiero que hagas nada; nosotros nos encargaremos de la investigación.
—Olivia podría estar fingiendo tod